miércoles, 19 de octubre de 2011

La misteriosa sapoara

     La mañana está preciosa, un sol resplandeciente baña con sus rayos dorados la bella capital Guayanesa, Ciudad Bolívar; ha llegado el mes de agosto, el mes de la Sapoara, pescado delicioso que sólo aparece una vez al año; para esa fecha estaba la laja de la Sapoara con sus remolinos bulliciosos deslumbrantes de belleza engalanando el Río Orinoco. 
Cerca de ese lindo panorama estaban muchas personas viendo a los pescadores lanzar sus atarrayas y robadores pescando las sabrosas Sapoaras, las primeras Sapoaras que sacaban del río las comían los grandes cacaos, el gobernador del Estado, el cronista de la ciudad, Bachiller Ernesto Sifontes y los ricos; porque costaba dos bolívares cada una, después que abundaban se ponían a locha doce céntimos y medio, donde podía comer la Sapoara Juan Pueblito y hasta las regalaban los pescadores. 



En aquella Ciudad Bolívar del pasado están dos parroquias que eran irreconciliables: La Alameda, ubicada en el centro de la ciudad, y Perro Seco (Guzmán Blanco), situación a orillas del Orinoco. Puerto de pescadores y boxeadores, donde también estaba una plaza de toros de un español de apellido Monedero. 
En las fiestas y en otros sitios si se encontraba una persona de Perro Seco con uno de La Alameda, se caían a puño limpio; La Alameda, queda cerca del paseo Orinoco, parte del corazón de la capital; allí se celebraban las grandes fiestas de carnavales y otras actividades, Perro Seco era una parroquia alegre y bullanguera, con dos playas a orillas del Río Orinoco cerca de la parroquia El Aserradero y La Cerámica. 


También tenía sus brujas y sobanderos, entre ellos había uno llamado Tamarindo quien era un negro fornido como de un metro ochenta, el hombre sobaba y cuando se le dislocaba un hueso del cuerpo humano a una persona él se lo llevaba a su sitio. El Piache Tamarindo tenía un pizarrón con los precios del trabajo que hacía, hombro Bs. Cinco, brazos Bs. Seis, etc.; e igual estaba Madieta Pescador quien era rezandero. Ciudad Bolívar es la tierra de dulces muy deliciosos como el Mazapán de semilla de Merey, el Merey Pasado, el Turrón de Moriche, la Jalea de Mango, el Carato de Moriche; los maestros para elaborar esos productos para aquella fecha eran La Pelusa Bianco y Alejandro Vargas el Famoso compositor Guayanés, en Soledad, Edo. Anzoátegui, Perucho Guaipo y Tina de Guaipo. La barbería más famosa de aquella época en Ciudad Bolívar era la del Padre de Arnaldo Milano (el compa Milano), allí acudía la elite de Ciudad Bolívar; el corte de pelo costaba Bs. Cinco, en las otras barberías costaba Bs. Dos; en la barbería Milano no se cortaba el pelo ninguna mangasmeadas;
& compa Arnaldo Milano es Guayanés graduado de Técnico, quien fue Gerente de la CANTV en Valera y aquí hizo su vida y formó una familia. Los morichales es una parroquia muy extensa, de allí es el dirigente político Julio Cortez, hoy, un Trujillano más; come Sapoara, Laulau, Casabe y Naiboa. Ciudad Bolívar es una ciudad preciosa llena de encanto y belleza, y dicen que forastero que llega y se come la cabeza de una Sapoara, no se va más de Guayana. Cuenta la leyenda que el hijo de un ilustre terrateniente godo de rancio abolengo se enamoró de una linda joven Indígena llamada Ayari, tan linda como orquídea en flor, pero los padres del galán enamorado llamado Carlos Rey de D" Monte Santo, se oponía al romance despreciando a la aborigen, calificándola como una salvaje montarás, por lo tanto decidieron enviar a su hijo a España para aléjalo de la aborigen, él se lo contó llorando a su novia porque la amaba profundamente; ambos lloraron y Carlos le prometió que antes de irse para España visitaría su choza para despedirse de ella y de sus padres. Al día siguiente, Ayari fue al río Orinoco a bañarse, pero estaba muy triste llorando desconsolada con el corazón dolorido. De pronto se le apareció una Diosa Indígena y le puso la mano derecha sobre la cabeza de Ayari, diciéndole: "no llores princesa, dale de comer a tu novio sancocho con cabeza de Sapoara y el blanco se quedará contigo", y la Diosa desapareció. Un día quince de agosto, Carlos fue a despedirse de su amada Ayari, ella le dio sancocho de Sapoara y le puso la cabeza del pescado un filtro de amor; Carlos se la comió y no quiso irse para España, se quedó, casándose con su linda Ayari. Así, una preciosa mujer Indígena ingresó en la familia de un orgulloso conquistador de aquella época; pero si quiere saber más váyase a Guayana y descubra sus misterios, pero de que vuelan, vuelan.
Relato Escrito por Angel González Rivas